miércoles, octubre 08, 2008
cortazar
Julio adecuado. Julio rutina. Julio circular. Julio ambiguo. Julio sabe. Julio bonjour. Julio fiesta. Julio cachondo. Julio loco. Julio exceso. Julio grito. Julio loco. Julio no expresión. Julio loco. Julio loco y Julio llanto. Julio hogar. Julio visitas. Julio Batman. Julio terror. Julio manicomio. Julio cumpleaños. Julio canta. Julio carcajada. Julio caliente. Julio cachetada. Julio calle. Julio segrega. Julio parlantes. Julio volumen. Julio soneto. Julio loco. Julio pará. Julio pará. Julio páncreas. Julio loco. Julio exceso. Julio pará. Julio metamorfosis. Julio sintaxis. Julio vidrio. Julio crunch. Julio ay. Julio ay. Julio cerebelo. Julio ay. Julio duele. Julio pará. Julio Ahora. Julio que. Julio Sabina. Julio loco. Julio expresión. Julio resumiendo. Julio desgarro. Julio desarraigo. Julio traigo. Julio fotosíntesis. Julio destrucción. Julio efusión. Julio fusión. Julio ceguera. Julio saliva. Julio oiluj. Julio sentidos. Julio ay. Julio cloro. Julio cólera. Julio brusquedad. Julio Julio. Julio rápido. más rápido. apurate. corré. girá. gritá. rotá. saltá. destilá. andá. rallá. vení. allá. triturá. supurá. pará. chorreá. agarrá. matá. matá. ma. pará. tá... Julio loco.
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Sobre Cortazar
viernes, octubre 03, 2008
domingo, agosto 17, 2008
ciencia(ficción)
Nada mejor que un filmador de sueños/pesadillas para verlos por la pantalla cuando te levantás.
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Escenario,
Supercalifragilisticoespialidoso
miércoles, julio 16, 2008
Buzón de males
Que de chica (léase 10 años) una amiga te escriba en una cartita "¡Nunca cambies!", era el símbolo más claro de amistad incondicional que se podía representar. Era más fuerte que el "te quiero" y que el abrazo de oso. No se lo decías a cualquiera, era cuestión de códigos.
Qué terrible. ¿Nunca cambies? Si realmente me querés pedime que cambie por favor
Qué terrible. ¿Nunca cambies? Si realmente me querés pedime que cambie por favor
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Me pasó,
Supercalifragilisticoespialidoso
martes, junio 10, 2008
Mi amigo Beto
Hoy estaba caminando por la calle y presencié algo, que no sabía si reírme o llorar. Por suerte me incliné por la primera.

Una señora con anteojos más grandes que su cara, tacos más altos que su cuerpo, cabello más rojo que su sangre, y sombrero más deshonesto que su reputación; caminaba con su perro. "No chupes la tierra, Beto. Estoy realmente cansada de decírtelo", le recriminaba al caniche toy. "¡Beto no tomes agua del cordón, ya lo charlamos ayer!" y el perro, confundido, continuó su marcha que, claramente, no coincidía con la de su dueña. "Vení a la par mía Beto, sino me quedo atrás sola, no es así la cosa", y Beto poco vivo poco dormido observó que a unos metros había una perra. "Ni se te ocurra Beto..."-anticipó su dueña, "...que ya pasaste esa etapa, loquito" y, enganchándole la correa, disparó para la vereda opuesta. "Tengo calor Betito", repetía insaciable. "¿Beto esto es una broma?, ¿cómo vas a oler eso?, yo no te eduqué así me hacés pasar vergüenza, che. ¿Qué va a decir la gente ahora?"- El caniche se dirige hacia un árbol y hace sus necesidades, ante lo que su dueña, enojada y tajante le dice "No Beto, cortala".
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Una señora con anteojos más grandes que su cara, tacos más altos que su cuerpo, cabello más rojo que su sangre, y sombrero más deshonesto que su reputación; caminaba con su perro. "No chupes la tierra, Beto. Estoy realmente cansada de decírtelo", le recriminaba al caniche toy. "¡Beto no tomes agua del cordón, ya lo charlamos ayer!" y el perro, confundido, continuó su marcha que, claramente, no coincidía con la de su dueña. "Vení a la par mía Beto, sino me quedo atrás sola, no es así la cosa", y Beto poco vivo poco dormido observó que a unos metros había una perra. "Ni se te ocurra Beto..."-anticipó su dueña, "...que ya pasaste esa etapa, loquito" y, enganchándole la correa, disparó para la vereda opuesta. "Tengo calor Betito", repetía insaciable. "¿Beto esto es una broma?, ¿cómo vas a oler eso?, yo no te eduqué así me hacés pasar vergüenza, che. ¿Qué va a decir la gente ahora?"- El caniche se dirige hacia un árbol y hace sus necesidades, ante lo que su dueña, enojada y tajante le dice "No Beto, cortala".
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Me pasó,
Supercalifragilisticoespialidoso
jueves, junio 05, 2008
Declaración
Me gusta que me lean la borra del café.
Adoro el café; su color, su personalidad, su sensualidad, su forma y su borra.
Antes de ir a un restaurante pregunto si contratan a la leedora de borras, que por algún motivo los jueves es su día de franco. Que me digan que no, es motivo de desviar el rumbo hacia otro lugar.
Adoro el café; su color, su personalidad, su sensualidad, su forma y su borra.
Antes de ir a un restaurante pregunto si contratan a la leedora de borras, que por algún motivo los jueves es su día de franco. Que me digan que no, es motivo de desviar el rumbo hacia otro lugar.
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Declaración
domingo, mayo 25, 2008
ojo el ramo, nena
Esos días en que te levantás tarde. Esos días en que te levantás tarde, maldiciendo el día en que confiaste en el vendedor de tu desperador. Esos días en que te levantás tarde, maldiciendo el día en que confiaste en el vendedor de tu despertador, malhumorada porque faltaste otra vez a la facu y abatida por el mediodía que se avecina. Entre persianas entreabiertas, el taladro cantando en el octavo bé, el noticiero de mediodía comenzando su transmisión y las copas sucias en la cocina que quedaron de anoche, te levantás. Querés volver el tiempo atrás, unas horas, unos días, años,... no. Unas horas y estar en la parada del 160 ansiosa porque venga el de cartel rojo que dobla donde tiene que doblar y evita el recorrido por aeroparque, el río, el puente. El cartel rojo hace el recorrido rápido y es muy querido por todos los estudiantes, por eso siempre viaja lleno: de universitarios y de amor. Pero no. Estás en tu casa, sola, confundida, y para compensar tanto malestar, querés desayunar.
Te ponés el salto de cama y las pantuflas, hermosas rojas queribles acuchufladas abrazables. Te encantan esas dos prendas y tener tiempo para usarlas. Con las pantuflas volás y el salto de cama te cubre de las bacterias nocivas y los gérmenes -no necesitás actimel, en serio- con tu equipo estás protegida. Las piernas te pesan -es lógico- pero se deslizan y fluyen hasta la cocina. Abrís las alacenas, nada; heladera, no hay leche; caja de dulces, acabada; psiquis, alertante. Cambiás tus pantuflas por alpargatas, te ponés una pollera, un sweater amplio arriba del pijama, y anteojos de sol -de los grandes, sí, los que se usan ahora- que te tapan las ojeras, radiantes como solo ellas lo saben estar. Es cuestión de ir al supermercado y comprar lo que necesitás. Billetera, llaves, go.
PB, 1, 2, 3, 4, 5,... ascensor. Te mirás al espejo, ¡pará! qué locura. Caminás pero no avanzás, es raro, pero ya te había pasado. Changuito (amás esa palabra), y a recorrer. Te gusta ir de vez en cuando, ver los productos, probar cosas nuevas, cómplice de la inflación hacer de cuenta que no te importa y experimentar; pero no en estas circunstancias. Rápido rápido rápido rápido, el pan. Rápido rápido ráp, la leche, ido rápido rápido rápido, el azúcar, rápi, el café, do. Ya casi, vas a la caja y al empleado se le trabó el ticket.
Mientras te hacen esperar unos minutos, ves de reojo que se te acerca una persona. No te das vuelta, es meter la cabeza en la boca del león. Que sea mamá que sea papá que sea el verdulero que sea el perro que sea. -¡Flor!. No es mamá no es papá no es el verdulero. Tal vez sea el perro. No es, no importa, no hay que girar. -¡Boluda!. Pará, boluda no, tenés que mirarlo. -¡Hey, tanto tiempo!. Es un viejo amigo (no usemos ex-amigo, es cruel). Persona que no ves hace nueve años, era de normal tirando a feo, está hermoso. Te acomodás los anteojos, te tocás el afro e intentas peinarlo. Te mira los anteojos, la pollera, el abrigo enorme, las alpargatas. Tu confusión se proyecta en él. No entiende el look, no te entiende, no entiende si tenés frío o calor y te lo pregunta. Te hacés la que no escuchaste y empleas esa técnica algunas veces más en la conversación. -Estás re distinta, Flor. Gracias, yo también te quiero. -Sí... seguramente... bueno, me agarrás súper apurada, ¡pero hablamos!. Adios mutuo y vuelta a casa. ¿Hablamos? es imposible, no tengo su teléfono y no tiene el mio. Cosas que decís para rellenar el saludo y amortiguar la despedida rápida. Ponés el agua a hervir, hierve, dos de café, esta vez amargo. No lo podés creer.
Te ponés el salto de cama y las pantuflas, hermosas rojas queribles acuchufladas abrazables. Te encantan esas dos prendas y tener tiempo para usarlas. Con las pantuflas volás y el salto de cama te cubre de las bacterias nocivas y los gérmenes -no necesitás actimel, en serio- con tu equipo estás protegida. Las piernas te pesan -es lógico- pero se deslizan y fluyen hasta la cocina. Abrís las alacenas, nada; heladera, no hay leche; caja de dulces, acabada; psiquis, alertante. Cambiás tus pantuflas por alpargatas, te ponés una pollera, un sweater amplio arriba del pijama, y anteojos de sol -de los grandes, sí, los que se usan ahora- que te tapan las ojeras, radiantes como solo ellas lo saben estar. Es cuestión de ir al supermercado y comprar lo que necesitás. Billetera, llaves, go.
PB, 1, 2, 3, 4, 5,... ascensor. Te mirás al espejo, ¡pará! qué locura. Caminás pero no avanzás, es raro, pero ya te había pasado. Changuito (amás esa palabra), y a recorrer. Te gusta ir de vez en cuando, ver los productos, probar cosas nuevas, cómplice de la inflación hacer de cuenta que no te importa y experimentar; pero no en estas circunstancias. Rápido rápido rápido rápido, el pan. Rápido rápido ráp, la leche, ido rápido rápido rápido, el azúcar, rápi, el café, do. Ya casi, vas a la caja y al empleado se le trabó el ticket.
Mientras te hacen esperar unos minutos, ves de reojo que se te acerca una persona. No te das vuelta, es meter la cabeza en la boca del león. Que sea mamá que sea papá que sea el verdulero que sea el perro que sea. -¡Flor!. No es mamá no es papá no es el verdulero. Tal vez sea el perro. No es, no importa, no hay que girar. -¡Boluda!. Pará, boluda no, tenés que mirarlo. -¡Hey, tanto tiempo!. Es un viejo amigo (no usemos ex-amigo, es cruel). Persona que no ves hace nueve años, era de normal tirando a feo, está hermoso. Te acomodás los anteojos, te tocás el afro e intentas peinarlo. Te mira los anteojos, la pollera, el abrigo enorme, las alpargatas. Tu confusión se proyecta en él. No entiende el look, no te entiende, no entiende si tenés frío o calor y te lo pregunta. Te hacés la que no escuchaste y empleas esa técnica algunas veces más en la conversación. -Estás re distinta, Flor. Gracias, yo también te quiero. -Sí... seguramente... bueno, me agarrás súper apurada, ¡pero hablamos!. Adios mutuo y vuelta a casa. ¿Hablamos? es imposible, no tengo su teléfono y no tiene el mio. Cosas que decís para rellenar el saludo y amortiguar la despedida rápida. Ponés el agua a hervir, hierve, dos de café, esta vez amargo. No lo podés creer.
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Me pasó
domingo, abril 20, 2008




La idea no es crear una analogía entre mi vida y el tomate, pero tienen un similar muy exótico. Hablo en serio. Los noticieros se compenetraron mucho en la suba de precios de esta fruta y comprendí la encrucijada, mutándola con mi vida misma. Los altibajos, la suba la caída, la inestabilidad. El tomate es una fruta con personalidad, no cabe duda alguna. Igual, las analogías no son mi fuerte, pero de vez en cuando está bueno desnudar esta cuota de delirio y frenesí. En definitiva te libera. A mi me libera. Cordura: no te tolero.
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